viernes, 28 de febrero de 2014

BUZÓN DE BARRIO

Tiene hambre y está quieto,
siempre en la misma esquina
por donde doblan todos los silencios.


Cuando alguien se le acerca se emociona.
No escatima sonrisas.


Algunos sólo ven, cuando le miran,
una curiosa pieza de museo
pero él se siente útil.
No quiere jubilarse todavía.


Tuvo tiempos gloriosos
en que había trajín a todas horas.
Le gustaba ese ritmo,
pero ahora los mensajes viajan
                                                 de otra forma.


No sé por cuánto tiempo
podré seguir mirándole cuando no se da cuenta.


Una noche cualquiera
lo arrancarán de cuajo, como al resto.
Despertará la calle, en ese instante,
con un crujido de palabras rotas
y lo echaré de menos.

sábado, 22 de febrero de 2014

DÍAS CONTADOS



Estaba siempre sola,
siempre callada y quieta.
Se dolía del cuerpo magullado
pero más aún del alma,
a todas horas.


Pañuelitos de seda
colgaban de su cuello
ocultando las marcas
y la pena.


Una tarde de otoño
se cumplió la amenaza,
se apagaron las velas
y aún se quedó más sola,
                                       más callada
                                                          y más quieta.

SEVILLA, DESPUÉS DE LA CONTRICIÓN






En la segunda parte:
Inés enamorada
y una lista de nombres y lugares
crepitando en el fuego.


Después los esponsales,
una hamaca en el porche,
una bata acolchada en el invierno
y un par de pelirrojos corriendo por la casa.


Sin dudarlo,
yo prefiero al Don Juan de los infiernos.



AHORA

Precisamente ahora que todo estaba en calma.
Ahora que el silencio no dolía.
Cuando cada minuto descubre su sentido
y encontramos espacio para cada palabra.


Precisamente ahora que el vientre germinaba.
Ahora que sanaban las heridas.
Cuando todos los miedos yacen en el destierro
añorando aquel tiempo de dominio y locura.


Ahora que eran suaves los inviernos
y yo adoraba cada gesto tuyo.
Cuando apenas nos pesan los recuerdos.
Tenías que marcharte precisamente ahora. 





TRANSPARENCIA IDEAL



Más me valdría haber nacido sombra
para no andar chocándome con todo.
No tendría mi cuerpo cardenales inmensos
si pudiera moverse sin bolardos ni esquinas.



Ser un fantasma silencioso es bueno
si tu cuello está libre de adornos y cadenas
para bailar al son de la música propia
mientras otros se mueven con el ritmo de siempre.



Pasear despacito sin que nadie te espere,
sorteando las colas para subir al tren,
sin maquillar sonrisas ni repetir historias.
No hay nada más divino que no ser.